Miguel Gómez, un pulpo a orillas del Guadalquivir

Hace menos de seis meses que debutó en partido oficial en sénior. Era un completo desconocido para todo aquel amante del fútbol modesto andaluz y sevillano. Nadie le seguía la pista. Era uno más de la larga y extensa terna de jugadores por dar el salto de juvenil a sénior. Sin embargo, el Castilleja anduvo fino hace un año y medio a la hora de firmar a uno de los centrocampistas más prometedores que ha dado el fútbol modesto en los últimos años. No es otro que Miguel Gómez.

A pesar de su juventud y por ende falta de experiencia en partidos de alto voltaje, el Miguel Gómez (Palomares, 1998) ha demostrado ser un futbolista más que capaz en su estreno en División de Honor, demostrando una cualidades sobre el césped asombrosas.

Y cuando se dice de que es uno de los centrocampistas más capaces de toda la División de Honor se habla con conocimiento de causa. Y es que su presencia en este Castilleja es fundamental para explicar el por qué el conjunto de Alejandro Ceballos comanda el grupo I de División de Honor con puño de hierro.

Cocinado de forma express en el primer equipo juvenil, ya es uno de los líderes de la primera plantilla del vigente líder del Grupo I. En una plantilla falta de jugadores veteranos y con carácter que asuman el peso del equipo, Miguel ha cogido galones en muy poco tiempo y se ha echado el equipo a la espalda en los momentos más delicados. Su importancia no solo radica en la función que desempeña dentro del organigrama diseñado por Ceballos, sino también dentro del vestuario. Ese alma de líder que lleva dentro le ha valido para portar en más de una ocasión durante la temporada el brazalete de capitán, como ya hiciese en sus primeros pasos con el juvenil de Pablo Galán.

El mediocentro titular del Castilleja es una máquina de robar balones en la medular. Un futbolista omnipresente, inteligente para colocarse en el lugar debido, atento para realizar la cobertura oportuna cuando el equipo puede romperse, exuberante a nivel físico en las correcciones y decidido a la hora de pasar a la acción y meter la pierna.

Tácticamente Miguel Gómez es uno de los jugadores más correctos de este Castilleja. Siempre está bien posicionado, se orienta bien y tiene una correcta lectura de juego. El canterano alixeño es el encargado de guardar la posición, vigilar a los posibles receptores del primer pase en un potencial contragolpe y dotar de libertad a los carrileros e interiores como Gordillo o Ale Marín para pisar área rival con más frecuencia. Luego mantiene la concentración, tira la línea en el centro del campo y hace de la medular su particular campo de experimentación.

No es un jugador que destaque especialmente por su físico. Es más, sorprende a primera vista, porque no es el típico jugador fornido que acostumbra a ocupar este tipo de zonas en el campo. Es un jugador muy fino y ligero, lo que le permite recibir y girar más rápidos que sus rivales, así como acudir a la cobertura de sus compañeros y solventar los desequilibrios que se puedan producir en transiciones ataque-defensa con una mayor velocidad.

Con el balón en los pies Miguel es una pieza clave en el engranaje alixeño. Ceballos le ha otorgado plenos poderes en la fase creativa. Suele recibir el pase de seguridad para comenzar con el que comienza a la hilar las jugadas de ataque.

Su buen control de balón y lectura del espacio periférico hace que las responsabilidades de sacar el balón desde atrás y llevarlo hasta los interiores o mediapuntas blanquiazules, sea una tare menos engorrosa si él transita en esa cuidada y elaborada circulación de pases.

Ya sea incrustándose entre los centrales para hacer una salida lavolpiana o bien aguardando su sitio en el eje de la medular, Miguel siempre es un seguro de vida para la buena circulación de balón. Su toque de balón, como demuestra con su preciso desplazamiento en largo, es fundamental para la fluidez del juego alixeño.

Miguel es un futbolista diferencial en su posición. Sabe anticiparse como nadie a cada acción, tiene una lectura del juego casi perfecta, un golpe del balón exquisito y un don de mando inigualable. Es el director de la orquesta. No dice una palabra más que la otra. Es tímido, callado e intenta pasar desapercibido. Ahí radica su fuerte, nadie se acuerda de él cuando está, pero cuando no lo está todos lo echan en falta. Un futbolista completísimo, con un amplio abanico de virtudes que potencia con un físico privilegiado y con un don innato para robar balones. Un pulpo que pretende echar raíces a la orilla del Guadalquivir.