Un balance prometedor

“Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín”. Todos habremos escuchado alguna vez recitar estos versos del magnífico José de Espronceda. Unos versos que vienen a relatarnos la forma de surcar los mares de un  barco pirata con soltura, maestría e elegancia. Una nave imposible de ser dominada. Invencible. Unos versos que bien podrían asemejarse al Castilleja Club de Fútbol y su liderato en División de Honor.

Los alixeños, comandos por el almirante Alejandro Ceballos, surcan los mares con la misma pericia y destreza que esos piratas de Espronceda.  Líderes en solitario y con un margen de 7 leguas con sus inmediatos perseguidores. Una situación idílica que le ha llevado a ser el equipo a batir del Grupo I de División de Honor.  Todos quieren derrocar al líder, todos quieren ocupar su puesto, pero no todos pueden lograrlo.

El Castilleja de Ceballos es muy diferente aquel que se comenzó a forjar a mediados de julio. Lejos queda ese equipo con dudas en la portería, desestructurado en la retaguardia y sin ideas en ataque. Desde entonces, los aljarafeños han sabido reinventarse y  el preparador gienense ha sabido dar con la tecla adecuada.

El ex del Recreativo ha construido su nuevo proyecto en base a tres conceptos: seguridad defensiva, solidez en el centro del campo y velocidad en ataque. Pero para llegar a todo ello, ha tenido que pasar por diversos exámenes de prueba y error.  Comenzó la temporada con un esquema que rotaba entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, el cual ha virado en un 3-4-3. Un cambio de sistema fundamental que exprime y saca todo el jugo a una plantilla a la que le viene como anillo al dedo.

Un sistema que está hecho para este grupo de jugadores. Un trío de centrales que se compenetran como si de una formación romana se tratase; dos carrileros de largo recorrido como Álvaro Moro e Ismael, reconvertido al carril, a los cuales el sistema potencian todas sus virtudes en ataque y no es tan exigente en tareas defensivas; un centro del campo con Miguel como pilar central; un Gordillo ideal para moverse en zona de tres cuartos con libertad, y una punta del ataque con dinamita pura en la bandas con Ale Marín o Carlos Alberto y un nueve como Plata, resolutivo y clarividente de cara a puerta. Un sistema que ayuda a que el equipo conceda menos y a que se más ordenado a la hora de formar un ataque. Esto se traduce en su contundencia en las áreas. Más de 600 minutos sin recibir un gol y una eficacia en área contraria digna de estudio.

Ceballos ha construido su éxito en su regreso a Castilleja en torno a un grupo base de jugadores que le ha permitido mantener una línea de juego constante y definido. Una columna vertebral que está conformada por siete jugadores. Tomás en portería, un seguro bajo palos; defensa de tres con Armenta,  Emilio y Alfonso, que aporta esa dosis de experiencia e inteligencia en la colocación y en las coberturas; Álvaro Moro, un fijo en el lateral derecho, un auténtico puñal; en el medio Miguel Gómez, capitán general; y arriba José Gordillo, la estrella del equipo. Estos son los hombres de Alejandro Ceballos, la espina dorsal del Castilleja. Unos entran y otros salen pero estos jugadores, salvo por acumulación de tarjetas y/o lesiones, siempre estarán en el once. Son la base de la sensación del campeonato.

Y aquí llegamos a otras de las claves del trabajo de Ceballos: el trato con la plantilla. El preparador alixeño no se casa con nadie y suele variar en todos los partidos sus alineaciones. No suele repetir once, busca alternativas para sorprender a su rival y lo más importante, tiene a todo el grupo metido en la dinámica de juego. Un conjunto que está por encima de las individualidades.

Un equipo que jamás se rinde. Lo demostró en el partido que quizá cambio el sino del Castilleja en esta temporada. El encuentro ante el Guadalcacín en Jerez fue clave para el devenir del equipo. Con aquella victoria por la mínima ante un rival directo, los alixeños dieron un golpe sobre la mesa. Consiguieron la primera victoria fuera de casa y rompieron una lanza a su favor después de haber caído goleados en sus dos primeras salidas. Ahí cambió todo.

El Castilleja se caracteriza por ser un equipo que no rehúye la pelea. Es intenso y muy físico. No da un partido por perdido, por lo que no es de extrañar su situación en la clasificación. Además, no es precisamente un equipo al que le entren los nervios si no le salen las cosas. Los de Ceballos maduran los encuentros lo justo y necesario para asentar un golpe definitivo a su rival. Es uno de los equipos que más goles hace en los últimos minutos de los encuentros. Esa paciencia y saber estar le ha permitido al Castilleja ser el único equipo que cuenta todos sus partidos por victorias dentro de casa, así como de ser el mejor visitante de la categoría (12 puntos).

Unos datos que evidencia el gran momento de forma de este Castilleja que supera con holgura al de la temporada pasada, que a estas alturas, ocupaba el noveno puesto con 17 puntos, 10 menos que ahora. Un cambio radical en las formas y en el contexto de afrontar los partidos. Ya nadie duda de la capacidad de un grupo de jóvenes que han demostrado, en este primer tercio de temporada, un nivel excelso sobre el verde. Todo es infinitamente mejorable, pero es una realidad más que palpable que el Castilleja atraviesa un momento dulce de su historia. Queda mucha tela por cortar, más de la mitad de la liga por delante, pero los alixeños aprueban con matrícula de honor el primer tercio de la temporada. Un balance de puntos y juego más que prometedor.